Nadie podía verlos. Vestidos, corsés, joyas, accesorios y otros objetos personales de Frida Kahlo permanecían guardados bajo llave en el cuarto de baño del museo Casa Azul. Cuando se abrió esa puerta en el año 2004, apareció un verdadero tesoro: alrededor de 300 prendas, objetos y documentos que permitieron conocer otra dimensión de la artista.

Cuando Frida murió, en 1954, su esposo Diego Rivera decidió guardar allí sus pertenencias. Había dispuesto que la habitación se abriera quince años después de su muerte, pero el tiempo pasó y aquellos objetos permanecieron ocultos durante décadas. Recién en 2004 se abrió la puerta a ese universo de colores, vestidos, corsés y accesorios que también hablaban de la vida y del cuerpo de Frida.

Entre todo lo encontrado estaban los trajes tradicionales de Tehuana que Frida había convertido en una parte inseparable de su imagen. Originarios del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, estos vestidos tienen sus raíces en las comunidades zapotecas y en una cultura de fuerte tradición matriarcal, donde expresan identidad, pertenencia y orgullo cultural. Sus bordados, colores y formas no eran para Frida solamente una elección estética.

Su adopción de la ropa tehuana funcionó también como una declaración política y como una forma de construir su identidad. Hablaba de México, de sus raíces indígenas y de la mujer que había elegido ser.

La vestimenta también tenía una relación íntima con su cuerpo. Las faldas largas le permitían ocultar las secuelas de la poliomielitis y las fracturas provocadas por el accidente que marcó su vida. Los cortes holgados y los bordados llamativos podían dirigir la mirada hacia su rostro y su torso. La ropa también transformaba la manera en que Frida quería ser mirada.

Frida entendió el poder de construir una imagen. Se pintó una y otra vez, eligió cómo aparecer en fotografías y convirtió su propia identidad en parte de su obra. Mujer, mexicana, artista y militante: su vestuario era otra forma de contar esa historia.

Hoy, aquellos vestidos y objetos personales pueden verse en Viva Frida, la muestra del Malba en Buenos Aires que permanece abierta hasta marzo de 2027. Pero detrás de cada prenda hay algo más que una pieza de guardarropa: hay una mujer que eligió cómo vestirse, cómo mostrarse y cómo construir, también a través de la ropa, la identidad que quería dejar en el mundo.