Cultura
En la ciudad de los canales, Acqua Alta transforma el acto de entrar a una librería en una experiencia única, donde los libros conviven con el entorno y el azar es parte del recorrido.
Si viajas en febrero, hay algo que está ahí, sin importar el destino: música en la calle, gente disfrazada, ritmos que no paran y una sensación de fiesta compartida. Eso es el carnaval. Una celebración que se vive en barrios, pueblos y ciudades de todo el mundo y que, aunque hoy parece puro festejo, tiene una historia larguísima detrás.
Tokio se mueve a un ritmo vertiginoso. Luces, pantallas, ruido, velocidad. En medio de ese pulso constante existe una librería que parece haber firmado un pacto con la calma. Se llama Morioka Shoten y funciona con una regla tan simple como clara: cada semana, un solo libro.
La restauración fue celebrada con una gran fiesta al aire libre: artistas, público y luces devolvieron a la Floralis Genérica al centro de la escena porteña. Así, regresó esa sensación de equilibrio que solo los íconos verdaderos saben dar.
Hay ciudades que guardan canciones como si fueran tesoros. Y hay artistas que, sin proponérselo, se vuelven parte de sus esquinas, de sus veredas, de su modo de mirar el mundo.
Hasta hace no mucho, nadie imaginaba que un grupo de mujeres aymaras, con sus polleras coloridas, sombreros bombín y trenzas al viento, llegaría a la cima del Huayna Potosí o del mismísimo Aconcagua.